PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA SEPTIEMBRE 2018

    Los deberes divinamente asignados en la familia

    Por medio de la revelación moderna, el Señor ha reiterado los deberes de los cónyuges dentro del sagrado núcleo familiar: “Por designio divino, el padre debe presidir la familia con amor y rectitud y es responsable de proveer las cosas necesarias de la vida para su familia y de proporcionarle protección. La madre es principalmente responsable del cuidado de sus hijos. En estas sagradas responsabilidades, el padre y la madre, como compañeros iguales, están obligados a ayudarse el uno al otro”1

                Cumplir esos deberes divinamente asignados requiere dedicación, amor, devoción y sacrificio. Jorge Armando de Santiago y su esposa Ariadne Cepeda, del barrio Villas de la estaca Querétaro, saben lo que implica ser fieles en esas responsabilidades: “Es difícil mantener un equilibrio de tiempo y atención entre la familia, el trabajo y la escuela, pero ver el progreso de nuestras hijas nos hace felices”.

    Familia sentada

                El hermano Jorge sale cada mañana con el firme deseo de proveer a su familia, sigue preparándose para obtener un mejor empleo y ha decidido poner su confianza en nuestro Padre Celestial. Aunque no es tarea fácil, hace su esfuerzo cada día y valora las pequeñas recompensas: “Cuando mis hijas tienen el deseo de compartir su testimonio recuerdo que el sacrificio diario ha valido la pena”. Una de las dificultades más grandes que ha tenido es la escasez de fuentes de trabajo, pero estos desafíos les han ayudado como familia a desarrollar fe, paciencia y amor el uno por el otro. 

                Para Ariadne la maternidad es una sagrada bendición por la cual un día tendremos que responder ante Dios: “Ser madre conlleva una gran responsabilidad, imagino el día en que pueda ver a mi Padre Celestial para entregarle cuentas por la formación de mis hijitas”. Cada noche que la familia De Santiago Cepeda se reúne para leer las escrituras, la hermana Ariadne procura compartir su testimonio con sus pequeñas,  Itzani e Iyari, con el fin de proveerles una porción del amor y Espíritu que ella siente: “Al demostrarles amor a mis hijas puedo comprender un poco el infinito amor que el Padre Celestial siente por nosotros”.

    En el cumplimiento de sus deberes los cónyuges progresan, se unen, fortalecen a sus hijos y establecen el fundamento de una relación familiar que durará toda la eternidad.