La familia y nuestro progreso eterno

    A través de la revelación moderna sabemos que, con amor infinito y en Su divina omnisciencia, Dios ha dispuesto que a lo largo de la eternidad no estemos solos. 

                Antes de nacer en este mundo Sus hijos e hijas fueron “procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual [...] podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”1. Es decir, en la vida premortal formábamos parte de la familia espiritual de Dios, convivimos con Él y recibimos su guía y consejo hasta desarrollar el potencial necesario para nacer y tomar un cuerpo físico; nuestra primera familia nos ayudó a progresar. En las escrituras aprendemos que ese fue nuestro “primer estado”2.

                Dejamos el hogar celestial para nacer en esta tierra, nuestro “segundo estado”3, y ser probados para ver si har[emos] todas las cosas que el Señor [nuestro] Dios [no]s mandare”4. Para ayudarnos a lograrlo el Padre Celestial instituyó en esta vida a la familia, como declaró el élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles: “Desde el principio mismo, Dios estableció a la familia y la hizo eterna. Adán y Eva fueron sellados en su matrimonio por esta vida y por toda la eternidad: 'Y así se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa ordenanza; y se predicó el Evangelio, y se proclamó un decreto de que estaría en el mundo hasta su fin; y así fue …5'. 'Y Adán conoció a su esposa, y de ella le nacieron hijos e hijas, y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra'67. Así, Adán y Eva fueron la primera familia del género humano, juntos criaron a sus hijos y les enseñaron las verdades del evangelio eterno.

                Desde entonces, cada uno de los hijos de Dios que nace en este mundo espera ser recibido en los brazos de tiernos y amorosos padres, pues necesita del refugio y el cobijo de una familia que le ayude a progresar para ser feliz en esta vida y volver al hogar eterno.

                En el núcleo familiar vivimos constantemente grandes y valiosas experiencias, las cuales nos ayudan a desarrollar nuestros talentos, a pulir nuestros defectos, a servirnos y a amarnos unos a otros mientras buscamos juntos la perfección. De esta manera, la familia se establece como una poderosa herramienta de progreso individual y colectivo, y en este proceso, muchos son los retos que tienen que enfrentarse y muchos los problemas que deben resolverse. Para ayudarnos en esta labor, el Señor nos da guía e inspiración a través de Sus siervos. 

    Familia caminando

    El élder M. Russell Ballard, presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, declaró: “Y bien, alguien podría preguntar: '¿Cómo podemos proteger, preservar y fortalecer nuestros hogares y nuestras familias en un mundo que tira tan fuerte en direcciones opuestas?'. Permítanme sugerir tres cosas sencillas:

    1.Sean constantes en llevar a cabo la oración familiar diaria y las noches de hogar semanales, ya que ambas invitan el Espíritu del Señor, el cual nos brinda la ayuda y el poder que necesitamos como padres y líderes de familia.

    2.Enseñen en su hogar el Evangelio y los valores básicos. Cultiven juntos el amor por la lectura de las Escrituras [...] Sean prudentes y no se ocupen, ni ustedes ni sus hijos, en tantas actividades fuera del hogar que estén demasiado ocupados para reconocer o sentir el Espíritu del Señor que les brinde la orientación prometida para ustedes y su familia.

    3.Creen firmes lazos familiares que les den a sus hijos una identidad más fuerte de la que puedan encontrar en su grupo de compañeros, en la escuela o en cualquier otro lugar. Esto se puede lograr mediante tradiciones familiares [...] Establezcan un sistema familiar sencillo donde los hijos tengan labores o quehaceres domésticos específicos, y reciban un elogio u otro tipo de compensaciones que sea equitativo a la forma en que lo desempeñen. Enséñenles la importancia de evitar las deudas y de ganar, ahorrar y gastar con prudencia. Ayúdenles a aprender a ser responsables de su propia autosuficiencia temporal y espiritual”8.

                El presidente Ezra Taft Benson también nos aconsejó diversas maneras de mantener fuerte y unida a nuestra familia, él enseñó:“En un sentido eterno, la salvación es un asunto familiar y Dios hace a los padres responsables de la mayordomía de criar a su familia [...] Permitidme ofreceros tres principios fundamentales para lograr la felicidad y las relaciones familiares perdurables. 

                Primero: Los cónyuges deben ser unidos en rectitud y en sus metas, deseos y acciones [...] La vida familiar debe traernos felicidad y gozo, algo que los hijos puedan siempre tener presente entre sus recuerdos más gratos. La moderación y el auto-control deben ser principios que gobiernen la relación matrimonial. Las parejas tienen que aprender a ponerle freno tanto a la lengua como a las pasiones. La oración en el hogar y la oración entre los cónyuges fortalecerán su unión, haciendo que gradualmente tengan los mismos pensamientos, las aspiraciones y las ideas y hasta los mismos propósitos y las mismas metas [...] El secreto de un matrimonio feliz es servir a Dios y servirse mutuamente. La meta del matrimonio es lograr la unidad y la integridad, así como el desarrollo individual. Aunque parezca lo contrario, cuanto más se sirvan el uno al otro, tanto mayor será el progreso espiritual y emocional de cada uno de los cónyuges.

     Segundo: Se debe enseñar a los hijos con amor y siguiendo las admoniciones del Señor [...] Los niños deben saber y sentir que se les ama [...] necesitan saber quiénes son: saber que tienen un Padre Celestial eterno en quien pueden confiar, a quien pueden orar y de quien pueden recibir guía; saber de dónde vinieron, para que su vida tenga significado y propósito.

                Tercero: Los padres deben preparar a sus hijos para que reciban las ordenanzas del evangelio. Las enseñanzas más importantes que se imparten en el hogar son de carácter espiritual. Se exhorta a los padres a preparar a sus hijos para recibir las ordenanzas del evangelio [...] Y sobre todo, algo de importancia primordial es que los padres inculquen en sus hijos el deseo de lograr la vida eterna y les ayuden a que de todo corazón traten de alcanzar esta digna meta”9.


    Notas

    1. La familia: Una proclamación para el mundo”.
    2. Abraham 3:26
    3. Ídem.
    4. Abraham 3:25
    5. Moisés 5:59
    6. Moisés 5:2
    7. Robert D. Hales, “La familia eterna”, Conferencia General, octubre 1996.
    8. M. Russell Ballard, “Lo más importante es lo que perdura”, Conferencia General, octubre 2005.
    9. Ezra Taft Benson, “La salvación: un asunto familiar”, Liahona, noviembre 1992, págs. 3-4.