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PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA SEPTIEMBRE 2018

La familia de Dios

Élder Walter Treviño, Setenta de Área.
Élder Walter Treviño, Setenta de Área.

Cuando era muy joven tuve una experiencia difícil, unos compañeros de la escuela se burlaron de mí y me hicieron sentir muy mal. Llegué triste y desanimado a casa, mis padres y algunos de mis hermanos notaron mi estado de ánimo e inmediatamente hicieron actividades conmigo. Realizamos algunos juegos de salón, vimos una película y comimos golosinas; al final del día mi sabia madre me preguntó: ¿Te sientes mejor ahora? La obvia respuesta fue: “estoy mucho mejor y feliz”. Entonces ella me enseñó algo muy valioso: “pase lo que pase la familia siempre estará ahí para sostenerte y apoyarte”.

            La confianza y seguridad que nos brinda la unidad familiar es posible porque la familia es un modelo eterno. En nuestra vida premortal vivíamos como una gran familia con nuestro Padre Celestial, en esta Tierra ese modelo familiar se replica y seguirá allende esta vida, tal como lo han declarado los profetas en estos últimos días: “El divino plan de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos hacen posible que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente”1.

Familia jugando en el jardín

La familia es el huerto del Señor donde se cultivan los más nobles y divinos atributos, dentro de las paredes del hogar padres e hijos desarrollan humildad, paciencia, tolerancia, servicio, respeto y unidad en un ambiente de amor sublime. Un hermoso himno nos recuerda esa clase de convivencia: “Oh que grato todo es cuando del hogar el amor el lema es, siempre el amor”2. Asimismo, hemos aprendido que “los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y se mantienen sobre los principios de la fe, de la oración, del arrepentimiento, del perdón, del respeto, del amor, de la compasión, del trabajo y de las actividades recreativas edificantes”3.

            Las escrituras también nos enseñan la importancia de la familia y algunas de las grandes bendiciones que el Salvador promete a quienes se esfuerzan por ser fieles a sus convenios matrimoniales y aman a sus familias. En el Libro de Mormón el profeta Jacob explicó a su pueblo la manera en que los lamanitas habían conservado intacta la naturaleza sagrada de la familia y las bendiciones que recibirían por hacerlo: “Y se esfuerzan por guardar este mandamiento; por tanto, a causa de esta observancia en cumplir con este mandamiento, el Señor Dios no los destruirá, sino que será misericordioso para con ellos, y algún día llegarán a ser un pueblo bendito. He aquí, sus maridos aman a sus esposas, y sus esposas aman a sus maridos, y sus esposos y esposas aman a sus hijos...”4.  

Familia entrando al Templo de Monterrey, México.

Al leer las palabras “algún día llegarán a ser un pueblo bendito”, no dudo que, debido a esa promesa y al esfuerzo de proteger el valor de la familia, el Señor ha preservado a este pueblo. En medio de grandes tribulaciones los ha auxiliado y ha hecho su carga más ligera ante los embates de la naturaleza, los problemas económicos, la iniquidad y la incertidumbre. 

            Debemos seguir promoviendo y conservando el valor de la familia para que el Señor continúe cumpliendo sus promesas y derrame abundantemente Sus bendiciones, pues la familia constituye el centro del evangelio y del plan de Dios. 


Notas

  1. La familia: Una proclamación para el mundo”, el presidente Gordon B. Hinckley leyó esta proclamación como parte de su mensaje en la Reunión General de la Sociedad de Socorro en Salt Lake City, Utah, el 23 de septiembre de 1995.
  2. “Cuando hay amor”, himno número 194.
  3. Op. cit. “La familia: Una proclamación para el mundo”.
  4. Jacob 3:6-7