Saltar navegador principal
PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA OCTUBRE 2018

El espíritu de Elías

Uno de los acontecimientos más gloriosos en la historia de la Restauración del reino de Dios sobre la tierra, en estos últimos días, es la visita de Elías el Profeta a José Smith. 

            Esa visita había sido profetizada por Malaquías: “He aquí, yo os envío a Elías el Profeta antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”1

            Tan importantes son estas palabras de Malaquías que el Salvador las enseñó a los antiguos habitantes del continente americano cuando los visitó luego de su resurrección; el Libro de Mormón registra la forma en que el Señor les indicó que fueran escritas y cómo les explicó esas profecías: “Y sucedió que les mandó escribir las palabras que el Padre había dado a Malaquías, las cuales él les diría. Y aconteció que después que fueron escritas, él las explicó. Y estas son las palabras que les habló, diciendo: Así dijo el Padre a Malaquías [...] He aquí, yo os enviaré a Elías el Profeta antes que venga el día grande y terrible del Señor; y él volverá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a sus padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con una maldición”2.

            Asimismo, uno de los primeros mensajes celestiales que recibió José Smith, cuando lo visitó el ángel Moroni, fue precisamente la profecía de Malaquías: “Entonces citó el quinto versículo en esta forma: 'He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por medio de Elías el Profeta, antes de la venida del grande y terrible día del Señor'.También expresó el siguiente versículo de otro modo: 'Y él plantará en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá a sus padres. De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada a su venida'”3.

Elías se aparece en el Templo de Kirtland

  Esta profecía se cumplió el 3 de abril de 1836 en el Templo de Kirtland cuando, después de un servicio dominical, José Smith y Oliver Cawdery se arrodillaron para orar y ante ellos se manifestaron varias visiones, entre ellas la visita de Elías el Profeta: “Concluida esta visión, se nos desplegó otra visión grande y gloriosa; porque Elías el Profeta, que fue llevado al cielo sin gustar la muerte, se apareció ante nosotros, y dijo: He aquí, ha llegado plenamente el tiempo del cual se habló por boca de Malaquías, testificando que él [Elías el Profeta] sería enviado antes que viniera el día grande y terrible del Señor, para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y el de los hijos a los padres, para que el mundo entero no fuera herido con una maldición. Por tanto, se entregan en vuestras manos las llaves de esta dispensación; y por esto sabréis que el día grande y terrible del Señor está cerca, sí, a las puertas”4.

            ¡Qué acontecimiento más sagrado! ¡Qué bendición tan extraordinaria tenemos! Vivimos en la época predicha por profetas antiguos. El presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “El afecto que sienten por sus antepasados es parte del cumplimiento de aquella profecía. Está profundamente basado en su sentido de identidad; pero se relaciona con algo más que tan solo el ADN que se hereda. Por ejemplo, al seguir la inspiración de aprender sobre su historia familiar, quizás descubran que algún pariente lejano comparte algunos de sus rasgos faciales, su interés por los libros o su talento para cantar. Eso podría ser muy interesante e incluso revelador; pero si su labor se detiene allí, percibirán que falta algo. Eso se debe a que congregar y unir a la familia de Dios requiere más que solo sentimientos de afecto. Requiere sagrados convenios que se efectúan en relación con las ordenanzas del sacerdocio. Muchos de sus antepasados no recibieron dichas ordenanzas; pero gracias a la providencia de Dios, ustedes sí. Además, Dios sabía que se sentirían atraídos a sus antepasados con amor y que tendrían la tecnología necesaria para localizarlos. También sabía que vivirían en tiempos en los que el acceso a los santos templos, donde las ordenanzas pueden realizarse, sería mayor que nunca en toda la historia; y Él sabía que podría confiar en ustedes para efectuar esta obra a favor de sus antepasados”5.

            El espíritu de Elías está con poder y autoridad en la tierra, las llaves del sacerdocio para ejercer la obra vicaria en favor de nuestros antepasados están disponibles en los santos templos del Señor a través de los dignos poseedores del sacerdocio que ahí ofician. Hagamos lo necesario para participar de ese espíritu y seamos fieles, recordemos las palabras de José Smith: “Y ahora, mis muy queridos hermanos y hermanas, permítaseme aseguraros que estos son principios referentes a los muertos y a los vivos que no se pueden desatender, en lo que atañe a nuestra salvación. Porque su salvación es necesaria y esencial para la nuestra, como dice Pablo tocante a los padres: que ellos sin nosotros no pueden ser perfeccionados, ni tampoco podemos nosotros ser perfeccionados sin nuestros muertos”6.