PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA JUNIO 2018

    Los jóvenes y el futuro de la Iglesia

    En el Plan de Área leemos que el tiempo ha llegado de buscar las bendiciones que han sido prometidas a nuestro pueblo. Hace algunas décadas, en 1947, Spencer W. Kimball, siendo miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, pronunció un discurso sobre el futuro del pueblo lamanita, y años más adelante, ya como presidente de la Iglesia, declaró las siguientes palabras proféticas:

    “Veo grandes números de los lamanitas y nefitas en hermosos y cómodos hogares con todas las comodidades que la ciencia puede ofrecer […] Los veo como amos, dueños de instituciones mercantiles y bancos. Veo al pueblo de Lehi como constructores e ingenieros, construyendo grandes puentes y edificios.

    Me parece verlos en el futuro como una gran potencia en las instituciones políticas, donde se hallaran en oficinas administrativas y como cabezas de gobiernos y estados; distritos y ciudades. Me parece que los puedo ver en posiciones legislativas, donde, como legisladores y buenos santos de los últimos días, formularán leyes buenas para el pueblo.

    Veo grandes números de abogados entre vuestros propios hijos, los cuales se han preparado y llegado a posiciones donde puedan resolver los problemas del mundo.

    Los veo como dueños de industrias y fábricas, produciendo automóviles y maquinaria [...] Veo a vuestros jóvenes preparándose para llegar a ser administradores de las escuelas y universidades.

    Veo a los jóvenes y señoritas mexicanos llegar a ser grandes conferencistas y dueños de periódicos para influir en los pensamientos del mundo. Veo grandes artistas, escultores y músicos, quienes conmoverán al mundo.

    Veo científicos y estudiantes que entraran en los laboratorios y descubrirán muchas de las nuevas verdades y misterios del reino de Dios; y hombres y mujeres que escribirán libros y serán considerados como autoridades en sus temas respectivos.

    En la gran mañana de los lamanitas veo a la juventud en la industria cinematográfica, escribiendo y produciendo grandes dramas basados en la historia del Libro de Mormón y de los lamanitas durante los últimos mil años. Veo a vuestros hijos e hijas escribiendo grandes libros, que desarrollarán la fe y el carácter en las vidas de la gente.

    Los veo en vuestras representaciones y ceremonias, escritas con tanta perfección y presentadas con tanta elegancia que conmoverán a grandes números de personas.

    Los veo enviando a casi todo hijo que nace de padres lamanitas al campo misional, sosteniéndose a sí mismos y con la ayuda de sus padres.

    Ahora mis hermanos y hermanas, toda esta visión se puede realizar. Se halla frente a vosotros. Pero no puede efectuarse sólo con pensar en ella. Representa trabajo, visión y mucho sacrificio […] y vuestros hijos de mañana deben estar preparados para asumir estas grandes responsabilidades”1.

                Muchas de estas grandes y maravillosas promesas se han cumplido y otras están en proceso de cumplirse, ante ello debemos reflexionar en cómo podemos preparar a la generación creciente para recibir estas promesas. 

    jovencitas en su clase dominical

    Fidelidad, clave para recibir las bendiciones prometidas

                En las escrituras aprendemos que “hay una ley, irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan”2, y cada una de esas bendiciones y promesas que podemos recibir solo llegarán a la vida de los que sean fieles. ¿Qué más pueden hacer los jóvenes para prepararse mejor para ser merecedores de esas bendiciones y así ver el cumplimiento de tales promesas?

                El élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Todos los hijos de nuestro Padre Celestial son grandes a la vista de Él. Si el Señor ve la grandeza que poseen, ¿cómo deben verse entonces ustedes a sí mismos? Todos hemos sido bendecidos con muchos talentos y habilidades. Algunos han sido bendecidos con talento para cantar, otros para pintar, otros para hablar, otros para bailar, otros para crear cosas hermosas con las manos y otros para brindar servicio caritativo. Algunos poseen muchos talentos, otros sólo unos cuantos. No importa el tamaño ni la cantidad, sino el esfuerzo que pongamos para desarrollar los talentos y las habilidades que hemos recibido. Ustedes no están compitiendo con nadie, sólo están compitiendo con ustedes mismos para lograr hacer lo mejor con lo que han recibido. Todo talento que se desarrolle será muy necesario, les hará sentirse tremendamente realizados y les brindará una gran satisfacción a lo largo de la vida”3.

                Los jóvenes tienen un papel muy importante en consolidar el crecimiento de la Iglesia en México. Tal vez no haya habido una generación que esté mejor preparada y con tantas oportunidades delante de ellos como en esta. Es de todos la responsabilidad de ayudarles, guiarles y enseñarles, para que en el futuro cercano sean ellos los que vean las promesas hechas una realidad, para que sean ellos los que dirijan la Iglesia. 

                Preparémosles de modo que se diga de ellos como se escribió de los jóvenes del ejército de Helamán: “Y todos ellos eran jóvenes, y sumamente valientes en cuanto a intrepidez, y también en cuanto a vigor y actividad; mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo momento se mantenían fieles a cualquier cosa que les fuera confiada. Sí, eran hombres verídicos y serios, pues se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él”4.


    Notas:

    1. Spencer W. Kimball, Conferencia Lamanita, Meza Arizona, 3 de noviembre de 1947. Tr. Eduardo Balderas.
    2. Doctrina y Convenios 130:20
    3. L. Tom Perry, “Juventud bendita”,Conferencia General, octubre 1998.
    4. Alma 53:20-21