PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA JULIO 2018

    Aprender a amar ministrando

    dos mujeres platicando

     

    Pude experimentar la bendición de ministrar cuando recibí la asignación de dar de comer a los misioneros de nuestro barrio. Me acerqué a los élderes para preguntarles qué era lo que deseaban comer, para mi sorpresa ellos eligieron un platillo sencillo, el cual yo no sabía cocinar. En ese momento vino a mi mente el nombre de la hermana a quien tenía asignada para visitar, Senorina Cerón de 83 años de edad, me sentí aliviada pues ella es buena cocinera y tal vez podría compartirme su receta. Esa misma tarde contacté a la nieta de Senorina para programar la visita. 

                Llegó el día en el que acudiría a casa de Senorina para cocinar juntas, sin embargo, no me sentía de buen humor y el calor afuera era casi insoportable, por un momento pensé en llamar por teléfono y cancelar la cita, pero recordé que no se trataba de una visita rápida para compartir una receta, si no que era una oportunidad de ministrar, de conocer más a mi hermana, interesarme por ella, velar por su bienestar, valorar sus conocimientos, sentimientos y conocer sus necesidades.

                Pensando en ello, con más ánimo emprendí mi camino. Al llegar a casa de Senorina, ella estaba lista, esperándome en la cocina de su hogar con una gran sonrisa, dispuesta a compartir conmigo su tiempo y conocimientos. Aquella tarde ella fue quien me ministró, me enseñó una receta culinaria, compartió experiencias de su vida las cuales ahora valoro muchísimo, conocí mejor sus sentimientos y me sentí edificada al reconocer su fortaleza y fe inquebrantable. Esa tarde mi corazón se llenó de un amor genuino por mi hermana.

                Ministrar a la manera del Señor es una hermosa oportunidad de aprender a amar. Ministrar nos fortalece, pues al hacerlo no solo das de ti sino que recibes mucho de quién ministras. 

    Zeltzin Hernández

    Barrio Olivar, Estaca Tacubaya