PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA ENERO 2018

    Cómo conservarnos sin mancha del mundo


    “Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo”.

    D y C 59:9

    Bajo el cielo del continente Americano, sus antiguos habitantes vieron descender a Jesucristo resucitado, con profunda reverencia caminaron hacia Él “... y metieron las manos en su costado, y palparon las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies; y esto hicieron, yendo uno por uno, hasta que todos hubieron llegado; y vieron con los ojos y palparon con las manos, y supieron con certeza, y dieron testimonio de que era él, de quien habían escrito los profetas que había de venir”1. Ante este sagrado acontecimiento, después de que nuestros antepasados hubieron comprobado la realidad del Salvador, “... cayeron a los pies de Jesús, y lo adoraron”2.

         Después de esa primera manifestación, El Libro de Mormón registra la manera en la que el Señor instituyó la ordenanza de la Santa Cena: “Y siempre procuraréis hacer esto, tal como yo lo he hecho, así como he partido pan y lo he bendecido y os lo he dado. Y haréis esto en memoria de mi cuerpo que os he mostrado. Y será un testimonio al Padre de que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros [...] Y siempre haréis esto por todos los que se arrepientan y se bauticen en mi nombre; y lo haréis en memoria de mi sangre, que he vertido por vosotros, para que testifiquéis al Padre que siempre os acordáis de mí. Y si os acordáis siempre de mí, tendréis mi Espíritu para que esté con vosotros”3.

    Lampara de aceite

         La importancia de la Santa Cena es evidente, tanto en su estado mortal como en su estado resucitado el Señor mandó a su pueblo realizarla para ayudarnos a retener la remisión de los pecados, mantener el Espíritu Santo con nosotros y conservarnos limpios de las manchas del mundo. En nuestra época los profetas modernos nos reiteran esas enseñanzas y nos ayudan a comprender la necesidad que tenemos todos de esta ordenanza, el élder Jeffrey R. Holland ha dicho: “... toda ordenanza del evangelio se concentra, de una forma u otra, en la expiación del Señor Jesucristo; y no hay duda de que esa es la razón por la que recibimos esa ordenanza particular, con todos sus simbolismos, más regularmente y con más frecuencia que ninguna otra en la vida”4, es decir, para seguir progresando en este estado mortal, necesitamos constantemente de esta sagrada ordenanza.

         Por su parte, el élder David A. Bernard ha enseñado acerca de importancia de la Santa Cena y ha dado promesas apostólicas a los que cumplan fielmente con sus convenios: “La ordenanza de la Santa Cena es una invitación sagrada y recurrente a arrepentirnos sinceramente y ser renovados espiritualmente. El acto de participar de la Santa Cena, en sí mismo, no produce la remisión de pecados; pero al prepararnos conscientemente y al participar de esta sagrada ordenanza con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, tenemos la promesa de que siempre tendremos el Espíritu del Señor con nosotros [...] Les prometo y testifico que seremos bendecidos con un aumento de fe en el Salvador y una seguridad espiritual mayor conforme procuremos retener siempre la remisión de nuestros pecados y, finalmente, nos presentaremos sin mancha ante el Señor en el postrer día”5. De esta manera, comprendemos que para conservar la compañía del Espíritu Santo en nuestra ocupada y ajetreada vida, es absolutamente necesario prepararnos para participar del pan y del agua cada domingo con humildad y con la sincera convicción de querer ser mejores al recordar seguir en todas las cosas el ejemplo de Jesucristo.

    Jesucristo en la última cena.

         Finalmente, la ordenanza de la Santa Cena además de ayudarnos a reconciliarnos con Dios, nos da la luz y guía que necesitamos en nuestra vida, el élder Joseph B. Wirthlin señaló: “Al participar dignamente de la Santa Cena para renovar nuestros convenios bautismales, vemos con más claridad el propósito eterno de la vida y el orden de prioridad de las cosas. Las oraciones sacramentales nos impulsan a hacer examen de conciencia, a arrepentirnos y a ser más fieles a nuestra promesa de recordar siempre al Salvador, Jesús el Cristo. Este cometido de ser como Cristo, si se renueva semana tras semana, se convierte en la aspiración suprema de todo Santo de los Últimos Días”6. Al meditar en esto, acaso no tenemos motivo para regocijarnos y anhelar con gozo y gratitud ese momento en la reunión sacramental.


    Notas:

    1. 3 Nefi 11:15.

    2. 3 Nefi 11:17.

    3. 3 Nefi 18:6-7, 11.

    4. Élder Jeffrey R. Holland, “Haced esto en memoria de Mí”, Conferencia General Semestral de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, octubre, 1995.

    5. Élder David A. Bernard, “Siempre tendréis la remisión de vuestros pecados”, Conferencia General Anual de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, mayo, 2016.

    6. Élder Joseph B. Wirthlin, “Las ventanas de luz y verdad”, Conferencia General Semestral de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, octubre, 1995.