PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA AGOSTO 2018

    Cómo ayudar a otros a encontrar las bendiciones prometidas

    Élder Jorge A. García Licona
    Élder Jorge A. García Licona, Setenta de Área

    Hace algunos años, como Presidente de Misión en Tijuana, mientras esperaba a un presidente de estaca para nuestra reunión mensual, entraron a la capilla dos de nuestros amados misioneros junto con un joven menos activo a quien estaban apoyando. Al conversar con él me explicó varias razones por las cuales decidió retirarse de la Iglesia: sintió indiferencia de parte de algunos hermanos, pensó que ellos no eran lo suficientemente amorosos como para saludarlo y vio a muchos discutir acaloradamente por cuestiones aparentemente sin sentido. 

                Después de escucharlo, le pregunté si esas razones realmente eran válidas para alejarse y compartí con él varias escrituras. Al reflexionar en ello, y con la guía del Espíritu, comprendió que sus argumentos no justificaban la decisión de alejarse de la Iglesia y me expresó su deseo de regresar para no alejarse jamás. Gozoso, le compartí mi testimonio de la veracidad de esta gran obra y lo invité a recordar que los convenios hechos al bautizarse fueron únicamente entre él y el Salvador.

                Meditando en esta experiencia, permítanme compartirles algunos de los principios que ayudaron a este joven a comprender la importancia de aferrarse a la barra de hierro, con la esperanza de que cada uno de nosotros ayudemos a quienes se han alejado de la Iglesia o en estos momentos contemplen esa posibilidad.

    Un día compareceremos ante el Señor

                En el Libro de Mormón Jacob enseña: “... el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios”1.Es decir, un día asumiremos ante Él la responsabilidad de nuestras acciones, en ese momento no será posible excusarnos ni basar nuestra salvación en las acciones de los demás, sin importar lo que nos hayan dicho o hecho.

    Misioneros platicando con un hombre
     

    Debemos trabajar por nuestra salvación

      Un aspecto que debemos entender y considerar es que la salvación es individual, por ello, es preciso esforzarnos por obtenerla. Aunque todos los hombres pecamos, el arrepentimiento es posible gracias a la expiación infinita y eterna de Jesucristo, pues por medio de Él “aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”2.

                Estos son principios que los misioneros enseñan diariamente a quienes aceptan escucharlos. Es maravilloso ver como ellos, a su tierna edad, tienen el valor de invitar a las personas a venir a Cristo. Si usted tiene un amigo o conoce a una familia que esté dispuesta a escucharlos, ayúdeles a encontrarse y verán milagros; la enseñanza de los misioneros los guiará hacia las bendiciones que el Padre Celestial tiene reservadas para ellos. 

                Gracias a la diligencia de los misioneros que invitaron a aquel converso menos activo a regresar, y a la voz del Señor que habla desde las escrituras, el joven comprendió ese día que él es su propio agente, pues su salvación depende de su fe y obediencia a los convenios que hizo. Por esa labor de rescate, ese día hubo gozo en el cielo: “Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!”3.

                Queridos hermanos y hermanas, Cristo vive, con paciencia infinita nos espera y nos ama. Con ese mismo amor ayudemos a otros a volver para obtener las bendiciones reservadas para ellos.