PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA ABRIL2019

    Mostrar amor mediante la retención

    ¿Recuerda a esa persona que solía estar con usted en las reuniones de quórum o de sociedad de socorro o a ese joven que se unió a la iglesia hace un tiempo y parecía estar muy contento? ¿Hace cuánto que no los ve? ¿Qué sabe acerca de ellos?

    Probablemente algunos sólo se hayan mudado de casa y están asistiendo a la Iglesia en otro lugar. Sin embargo, tal vez otros “anden en yermos, errantes… tristes, cansados”1, sin el evangelio en sus vidas. 

    Paisaje con un árbol

    La siguiente historia ejemplifica lo que viven o han vivido muchas de las personas que se unen a la Iglesia. Un fragmento de esta carta fue leído por el presidente Gordon B. Hinckley en la Conferencia General de abril de 1997: 

    “Me convertí a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días en 1994. Eso ocurrió después de un largo tiempo en el que yo había estado buscando la Iglesia verdadera. Había investigado casi todas las religiones e iglesias pero nunca había hallado lo que buscaba. Desde el primer contacto que tuve con los misioneros, supe que me enseñaban algo que cambiaría mi vida. Al escucharlos, oí lo que había estado buscando durante todos esos años. No se si habrá palabras para describir lo que sentí después de haber oído el mensaje de ellos. Por fin me sentí en paz. Todo tenía sentido. De todo corazón estudié la Iglesia y sentí como si hubiese hallado un ‘hogar’. Resolví ser bautizado el 8 de octubre de 1994. Fue uno de los días más grandes de mi vida.

    “Sin embargo, después de mi bautismo, las cosas con respecto a la Iglesia cambiaron. De pronto me vi lanzado a un ambiente en el que se suponía que yo supiera todos los detalles. Dejé de ser el centro de atención para ser tan sólo un miembro más. Me trataron como si yo hubiese estado en la Iglesia desde hacía años.

    “Me habían dicho que se me darían seis charlas después de que me uniera a la Iglesia, pero eso nunca se llevó a cabo. En ese mismo tiempo, mi prometida me presionaba intensamente para que no estuviera en la Iglesia... A menudo nos peleábamos... Pensé que podría hacerla comprender mis creencias. Pensé que si tan sólo tuviese más tiempo para participar en la Iglesia, ella no la consideraría como algo tan malo... Pensé que vería por mi ejemplo que esta era la Iglesia verdadera y que llegaría a aceptarla.

    “Me valí de los misioneros que me apoyaron mucho; ellos me ayudaron … a pensar en las formas de convencer a mi novia de que yo había tomado la decisión acertada. Todo eso anduvo bien hasta que a los misioneros los trasladaron a otro sitio; se fueron y yo me quede básicamente solo. Al menos, eso fue lo que pensé. Busqué apoyo en los miembros, pero no lo encontré. El obispo me ayudó, pero no le era posible hacer más. Poco a poco fui perdiendo esa ‘cálida sensación’ con respecto a la Iglesia. Me sentí como un extraño y comencé a dudar de la Iglesia y de su mensaje. Con el tiempo, empece a prestarle mas oído a mi novia. Entonces concluí que quizá me había apresurado demasiado en unirme a la Iglesia. Le escribí al obispo y le pedí que se quitara mi nombre de los registros de la Iglesia. Permití que eso se hiciera. Ese fue un tiempo de desesperación en mi vida.

    “Es probable que muchos conversos nuevos tengan experiencias semejantes a la mía. Sé que hay personas que se están uniendo a la Iglesia en contra del consejo de amigos y de familiares. Ese es un gran paso que ellos dan y se les debe apoyar en esa ocasión critica. Sé, por lo que a mi me ocurrió, que si hubiera recibido el apoyo que me hacía falta no estaría ahora escribiéndole esta carta.”

    La oveja perdida

    El presidente Hinckley dijo al respecto: “Alguien falló y falló de manera lamentable. La mayoría de [los nuevos conversos] no necesitan mucho. Como ya lo he señalado, necesitan un amigo, necesitan algo que hacer, una responsabilidad. Ellos necesitan ser nutridos por la buena palabra de Dios. Llegan a la Iglesia con entusiasmo por lo que han encontrado. Debemos valernos de inmediato de ese entusiasmo para fortalecerlos. Ustedes tienen personas en sus respectivos barrios que pueden ser amigas de todos los conversos; pueden escucharlos, guiarlos, contestar a sus preguntas y estar cerca de ellos para prestarles ayuda en todas las circunstancias y en todas las condiciones. Hermanos, esta pérdida debe parar; es innecesaria. Estoy convencido de que el Señor no esta complacido con nosotros. Los invito, a todos y a cada uno de ustedes, a hacer de esto un asunto de primera prioridad… Invito a todos los miembros a acercarse con amistad y afecto a los que lleguen a la Iglesia en calidad de conversos.” 2


    '…Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas'.

    Juan 10:14-15

    ¿Qué puedo hacer para apoyar en la retención? 

    • Acompañe a los misioneros y misioneras de tiempo completo para conocer a las familias que ellos están enseñando
    • Asista a los servicios bautismales de su barrio
    • Trate de recordar los nombres de las personas que se unan a la Iglesia
    • Recuerde a dichas personas en sus oraciones personales y familiares
    • Invite a los nuevos conversos a una Noche de Hogar
    • Muestre interés en los aspectos cotidianos de la vida de los demás. El trabajo, la escuela, los pasatiempos, etcétera. 
    • Recuerde que Dios ama a todos sus hijos y Él espera que usted demuestre ese mismo amor por los demás

    'Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. Así que, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeños'.

    Mateo 18:11-14

    Notas

    1. Ama el pastor las ovejas, Himnos 139
    2. Gordon B. Hinckley, Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional, Conferencia General, abril 1997