PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO

    ¿Cómo puedo hacer más significativa mi participación en la Santa Cena?


    Los últimos dos días de la vida de nuestro Salvador fueron significativos para Él, pues se llevó a cabo el gran sacrificio predicho desde Adán. Comenzó con la institución de la Santa Cena diciendo a sus discípulos: 'En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que yo padezca, porque os digo que no comeré más de ella hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y tomando la copa, después de haber dado gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros, porque os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta que el reino de Dios venga. Entonces tomó el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama'1.

         Podemos preguntarnos ¿cómo puedo incrementar mi deseo de participar de la Santa Cena tal como nuestro Señor deseó hacerlo con sus discípulos? ¿qué ajustes estaría dispuesto a hacer en mi vida si el Señor me invitara a tomar la Santa Cena con Él?

    1. Recordemos por qué fue instituida

    ¿Se ha preguntado cuál es el propósito del Señor al instituir semanalmente esta ordenanza? Podríamos suponer que si fuera cada año tendría mayor significado pero no es así. Una de las razones es porque al participar dignamente de la Santa Cena con frecuencia, nos conservaremos más limpios de las manchas del mundo, y así testificamos al Padre que siempre nos acordamos de Su hijo Jesucristo2. Es la Expiación la que nos limpia mediante el arrepentimiento sincero cada día para no vivir en nuestros pecados hasta el domingo. Esta ordenanza es “la señal” que damos a Dios de que nos hemos arrepentido de cualquier pecado que hayamos cometido durante la semana. Si participamos de la Santa Cena sin habernos arrepentido comemos y bebemos condenación para nuestra alma3; es como quien se bautiza sin haberse arrepentido. Hacemos estas cosas con un íntegro propósito de corazón, sin acción hipócrita y sin engaño ante Dios, sino con verdadera intención4.

    2. Preparémonos espiritualmente para tener una experiencia espiritual

    Un corazón quebrantado y un espíritu contrito es la primera parte de la preparación y la ofrenda que ponemos sobre el altar, representado a través de la mesa sacramental5. Un corazón quebrantado es un corazón arrepentido. La contrición es una afirmación de que hemos hecho todo lo que hemos podido rogando a nuestro Señor que Su gracia compense nuestra insuficiencia.

         En la reunión sacramental nos congregamos para adorar a Dios al ofrecerle nuestros sacramentos en Su día santo6. Esto debe guiar nuestra perspectiva, actitud y comportamiento en la reunión sacramental y el día de reposo.

         'Nuestra preparación debe comenzar mucho antes de que entremos en ese edificio y mucho antes de que los presbíteros comiencen a arrodillarse. Creo que algo que nos ayudará a obtener ese enfoque es si recordamos que esta es una ordenanza. Es la ordenanza más notable y de seguro la más repetible de la Iglesia y no creo que la estemos viendo de esa manera. Es una ordenanza muy personal, es la única ordenanza en realidad que repetimos para nosotros mismos'7. 

    Niñas

    3. Eleva tu corazón, regocíjate y adhiérete a los convenios

    Algunos miembros del Quórum de los Doce Apóstoles han enfatizado lo siguiente: “Al participar de la Santa Cena, renovamos todos los convenios que hemos concertado con el Señor y prometemos tomar sobre nosotros el nombre de Su Hijo, recordarle siempre y guardar Sus mandamientos”8. “Al tomar de la Santa Cena, que es un momento hermoso, renovamos el convenio bautismal, nos comprometemos también a renovar todos los convenios con Él, todas las promesas; y al acercarnos a Él con un poder espiritual que no teníamos anteriormente'9.

         Hay otros convenios como el recibir el Sacerdocio y los que hacemos en los santos templos. Además, hay otra clase de convenios que hacemos y algunos de ellos no se registran en la Iglesia “…no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón”10 y nos referimos a aquellos convenios personales que hacemos al derramar nuestra alma entera en situaciones especiales cuando voluntariamente ofrecemos algo al Padre a cambio de obtener Su favor divino; por ejemplo, cuando alguien de nuestra familia está gravemente enfermo.

         Dios recuerda los convenios que hacemos con Él, “por consiguiente, eleva tu corazón y regocíjate, y adhiérete a los convenios que has hecho”11. En el antiguo Israel se reprende a los sacerdotes por no haber guardado los convenios que habían hecho y Jehová maldijo sus bendiciones porque no se habían decidido de corazón y se habían olvidado de ellos. Una forma de manifestarle nuestra lealtad y decisión de corazón es participar de la Santa Cena semanalmente. De esta manera, no sólo tendremos Su Espíritu para que esté con nosotros, sino que retendremos nuestras bendiciones, la remisión de nuestros pecados y aumentaremos en el conocimiento de la gloria de Aquel que nos creó.

    4. El grado de nuestro deseo

    Es imposible medir la intensidad de nuestro deseo de tomar la Santa Cena por ser algo muy personal, sin embargo, hay algunas manifestaciones que denotan nuestra preparación espiritual para tomarla y el grado de comprensión de la Expiación. Una de ellas es nuestra constancia en tomar los emblemas, incluso en temporada vacacional e independientemente del horario que nos corresponda, la reverencia por esta ordenanza al llegar a tiempo y sin prisas, nuestra actitud debería ser reflexiva y de contrición, la disposición para servir activamente en la iglesia y, finalmente, pero quizá una de las más importantes, la forma en que tratamos a los demás.

    Jesucristo Santa Cena

         Algún día no muy lejano se cumplirá la promesa que Jesús hizo a sus discípulos de participar nuevamente con ellos de los emblemas antes de Su Segunda Venida en gloria, porque Él ha dicho que '...la hora viene cuando beberé del fruto de la vid con vosotros en la tierra; y con Moroni... y también con Elías... con Juan hijo de Zacarías … con Elías el Profeta ...  con José, y con Jacob, Isaac y Abraham, vuestros padres ... con Miguel, o sea, Adán, el padre de todos... y con Pedro, Santiago y Juan... y también con todos aquellos que mi Padre me ha dado de entre el mundo'12.  Ojalá que nuestro grado de deseo de participar con nuestro Señor de Sus emblemas sea lo suficientemente grande como para ser contados con todos aquellos que Su Padre le haya dado de entre el mundo y recibamos así un testimonio personal, en un acto similar al que tuvieron los nefitas de la antigüedad, de que Jesús es el Cristo, el hijo del Dios viviente.