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Recordando a nuestros ancestros

Foto antigua de una familia mexicana

'Ofrezcamos, pues... como Santos de los Últimos Días, una ofrenda al Señor... un libro que contenga el registro de nuestros muertos, el cual sea digno de toda aceptación'.

Doctrina y Convenios 128:24

Una de las tradiciones más emblemáticas de nuestro país es la celebración del día de muertos. Durante los días 1 y 2 de noviembre, en cualquier lugar es común encontrar ofrendas llenas de flores, comida y diversos objetos, dedicadas a algún familiar o amigo que ha fallecido; esa es la manera en que en México se recuerda a los seres queridos que han partido de esta vida. Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días también recordamos a nuestros familiares que han muerto, una de las formas en que lo hacemos es al trabajar en la Historia Familiar.

La Historia Familiar tiene como propósito principal entrelazar los corazones de las personas con sus antepasados y realizar ordenanzas en el templo a favor de quienes murieron sin tener la oportunidad de conocer el Evangelio. Además de esto, la Historia Familiar nos ayuda a construir lazos de amor a través de las eternidades, pues nos motiva a conocer a quienes nos precedieron hace décadas o siglos.

Buscar, investigar, recabar y conservar las historias familiares son algunas de las actividades de esta obra, en ella podemos conocer a los hombres y mujeres que nos heredaron su legado. Durante la búsqueda de esas historias experimentamos diversas emociones: la alegría de encontrar una fecha perdida, la sorpresa de una vieja fotografía en la que reconocemos nuestras propias facciones, la tristeza de extrañar al ser amado, el impacto de encontrar un nombre que es igual al tuyo, la emoción de leer una antigua carta o de tener en tus manos una reliquia familiar. Todos esos eventos que acompañan a esta noble labor son pequeños hilos que se tejen en un lazo eterno que nunca se romperá, sino que se fortalecerá con el tiempo y unirá a nuestras familias en amor.

Desde aquel 3 de abril de 1836 en que Elías el Profeta entregó a José Smith las llaves de esta dispensación (Doctrina y Convenios 110), la obra de unir el corazón de los padres a los hijos y el de los hijos hacia los padres ha comenzado y, sin duda, ha unido a vivos y muertos a través de las ordenanzas de salvación disponibles en los santos templos. Llenemos nuestro corazón del espíritu de Elías y demos una ofrenda de amor y de servicio a nuestros antepasados al trabajar en nuestra propia Historia Familiar. En este tradicional celebración mexicana del día de muertos, tomemos tiempo como familia para recordar a nuestros seres queridos; para registrar sus historias; recordar sus enseñanzas y legado; pero sobre todo para realizar ordenanzas y convenios en su nombre.