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PÁGINAS LOCALES DE MÉXICO | LIAHONA ABRIL 2018

Aligerar las cargas de los demás mediante el ayuno


'Y el Señor llamó Sión a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en retitud; y no había pobres entre ellos'.

Moisés 7:18
Jesucristo
Élder Luis Gonzalo Ruiz Ramírez, Setenta de Área.

En el Plan de Área se nos invita a realizar acciones relacionadas con el cumplimiento de las promesas hechas a nuestro pueblo. Se nos pide aumentar nuestra fe en Jesucristo y hacer los sacrificios necesarios para ser autosuficientes espiritual y temporalmente. Una forma de lograrlo es cuidando de nuestros pobres al ayunar fielmente y siendo generosos con nuestras ofrendas de ayuno.

     Frente a las emergencias vividas en nuestro país durante el mes de septiembre de 2017, cuando dos sismos conmocionaron el diario vivir de muchos de nuestros hermanos, los líderes de la Iglesia en México, recibimos una carta de la presidencia del Área en donde se nos indicaba que la mejor forma de ayudar a nuestros hermanos afectados por esta situación, era mediante el ayuno y las ofrendas generosas ¡Qué respuesta tan inspirada y sabia!

     El tiempo ha llegado de comprender la importancia de vivir la ley del ayuno. Quizá para algunos no sea fácil abstenerse voluntariamente de ingerir alimentos y bebidas por veinticuatro horas, pero podemos hallar gozo y desarrollar mayor amor por los demás al realizar ese sacrificio cada mes en favor de nuestros pobres y necesitados.

     El Señor nos pide: “... enseñen a comprender la doctrina…”1, y en este caso, debemos prestar especial atención a la doctrina de la ley del ayuno enseñándola a nuestros hijos a través del ejemplo. Ayunar y donar ofrendas generosas requiere fe y confianza en que el Salvador cumple sus promesas; necesitamos creer en el Señor, Él nos invitó cuando dijo “… y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”2.

Jesucristo

     ¡No dudemos! Confiemos en que nuestro Salvador nos fortalecerá por ser obedientes. Al ofrendar sigamos el consejo de Pablo a los corintios: “Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”3. Él se fija en la humildad e intenciones de nuestro corazón.

     No esperemos a que ocurran desastres naturales para empezar a actuar; en nuestras ramas y barrios de la Iglesia hay pobres y necesitados que requieren de nuestro auxilio, de nuestro amor, de una mano poderosa que les brinde ayuda desinteresada. Nuestros amados obispos tienen la inspiración de administrar esas ofrendas de ayuno y aplicarlas entre aquellos que lo necesitan más que nosotros mismos.

    Recordemos otra promesa que el Señor ha dado a los que son obedientes al ayunar y ofrendar generosamente, Él dijo: “de cierto os digo, que si hacéis esto, la abundancia de la tierra será vuestra...”4. Vivir la ley del ayuno incrementa nuestro amor por el Salvador Jesucristo y nos permite experimentar la verdad de sus palabras, pues las ventanas de los cielos siempre permanecerán abiertas para nosotros y el devorador será reprendido “... y no os destruirá el fruto de la tierra”5 porque “… cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, solo estáis al servicio de vuestro Dios”6.


Notas: 

1. Doctrina y Convenios 68:25.

2. Malaquías 3:10.

3. 2 Corintios 9:7.

4. Doctrina y Convenios 59:16.

5. Malaquías 3:11.

6. Mosíah 2:17.